I Ellos las prefieren rubias con rasgos vacunos con la paciencia mamífera y planean marcarlas con un metal y aman sus pestañas postizas y odian cualquier conversación sobre: libertad, amor. Aman sus fantasías hasta que ellas se las cumplen. Todo es circular menos su inconsistente amor de mercado y chat. II Ellas los prefieren tontos apasionados por el fútbol apasionados por instantes chat, fotos, conversaciones falsedad de instagram falsedad de citas en café caros falsedad de centavos en la cartera y luego desaparecen como fantasmas: todo era perfecto pero es más fácil huir que reconocer el vacío. III Ellos se prefieren a sí mismos odian a las rubias odian a los superficiales son amantes del desastre del reloj con su cuerda anticuada de la música para dedicar un sábado de los olores reales de los ojos reales odian ese mundo del chat y lo suyo son los espejos los bares llenos los parques la adrenalina de los encuentros la decepción de lo real o la maravilla...
A unos hombres innombrables, no son reales como eran, pero son muy parecidos . Era diciembre, el Chumpipe, subía “la cuestona” de la Colonia La Chacra y luego caminaba por el bulevar del ejército a las 3 am para llegar a “la Tiendona”, al puesto de verduras donde ayudaba a Doña Cristi a cargar los sacos de papas o de güisquiles que vendía al por mayor a compradores matutinos. Él era el cargador de bultos principal, luego estaba Jonathan, mejor conocido como el Sapo, quien se encargaba de las cajas de tomate y de chiles verdes. Doña Cristi les decía “hijos”, de puro cariño, pues era una mujer sola, con dinero y por lo tanto con poder en ese mercado de mayoristas. A sus 46 años usaba los jeans bien ajustados, los prefería decorados para que combinaran con su delantal de encajes y sus blusas habitualmente escotadas, donde se apretujaban y relucían sus vo...